sábado, 19 de diciembre de 2015

Como irremediable desertora,
por la humedad de las aceras
me deslizo,
y voy
y vengo,
y devengo,
mientras hago el intento
de silenciarlo,
de amordazarlo,
de guardarlo para mí.

Quizás, soñadora, algún día
despiertes enredada en la luz de su ventana.
Quizás, soñadora, algún día llegue a mirarte
como si realmente fueses aire.
¿ Y cómo me escondo
de las palabras que enmascaran la inocencia perdida,
el verso devastado, el beso profundo de la melancolía?
Las formas solo esconden
tras sus aristas
el eco de los que pasaron
clavados, aferrados,
a la búsqueda,
al fatal encuentro,
al intento de adueñarse de un lenguaje
que iluminando sus alas
les hace
caer
al fondo
del abismo.

Bienvenidos.

miércoles, 25 de noviembre de 2015



Estos ojos huérfanos,
tan deshechos en cristales,
no saben encontrarte
entre tanto ruido.
Saben que se reconocen 
en tu ausencia,
que se hunden en ti 
al invocarte,
que se pierden
buscando 
su nombre en los espejos,
tras la curva de ese camino
que va a ninguna parte.

Estos ojos huérfanos
que no miran,
que no ven,
que ya solo esconden.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Un escritor. (I)


                   El escritor paseaba deslizándose entre el resto de la gente, ausente y extraño, como el visitante que llega a una gran ciudad y observa como las luces encienden la noche y los olores impregnan las calles con su barniz denso, pesado y viscoso . Observaba, como el  niño que contempla por primera vez el mundo y siente la inmensidad profunda y aterradora de todo aquello que le rodea, de todo aquello que le eleva y que le atrae de una manera inexplicable, magnética, casi mística. 

Miraba hacia todas partes sin conseguir concentrarse en nada. Los coches, la brisa, los charcos,las calles abarrotadas, las respiraciones condensadas… miraba a los seres que pasaban a su alrededor tan mecánicos, tan metálicos, que no dejaban entrever el más mínimo destello de vida; miraba hacia los edificios, se detenía en medio de  las avenidas y escuchaba su sonido  y se maravillaba y un escalofrío le estremecía y entonces se sentía vivo, el resultado de millones de coincidencias que le habían llevado hasta allí, hasta aquel preciso instante, atrapado por el tiempo y las casualidades en aquella ciudad, en aquella avenida, en aquel lado de la acera donde no resultaba más que la irrelevante figura de un hombre tan gris, tan mecánico, tan metálico y tan solo como el resto; donde no resultaba más que una silueta que se alejaba y se perdía entre el vapor y la niebla.

       Sin embargo,  a  él le había sido concedido el don, el extraño don que le hacía capaz de alejarse, perderse y así poder mirar el mundo de manera distinta; poder plasmar la realidad de mil formas, con mil colores, sabores y olores. Podía detener el tiempo con una palabra, podía comenzar de nuevo, podía irse y dejar que la vida se deslizara a través de la tinta y fluyera y se eternizara en los sueños y en las aspiraciones de otros seres nunca antes pensados, nunca antes imaginados; podía plasmar la realidad de un atardecer, de un beso, de un abrazo, de un amor, de la locura; podía también plasmar el dolor de la despedida y el vacío que deja y la duda ante lo que podría haber sido si hubiera continuado con unos puntos suspensivos, con un punto y aparte. Podía obtener de la realidad figuras, sonidos y paisajes que únicamente eran visibles en su mente, imágenes encerradas en sus más profundos pensamientos, en sus más oscuros deseos, que cobraban forma en sus páginas: puertas hacia un mundo en el que los limites de la razón humana no eran más que una invención de aquellos locos que un día decidieron ser racionales y hacerse pasar por cuerdos. 
     
      Aquel mundo, ajeno a lo sórdido, ajeno a lo más puramente humano, a lo demasiado humano, le acogía y le mecía suavemente hasta que conseguía quedarse dormido y, entonces, ante él  comenzaban a bailar sombreros parlantes; ante él los hombres y las mujeres levitaban; las casas flotaban y los jardines se extendían inmensos y acogedores; la tierra se deshacía para reconstruirse cada día y el mar se volvía sólido para que los peces pudieran caminar y pararse a reflexionar; los animales disertaban en la selva sobre las ventajas  y desventajas de lo efímero y las personas se volvían justas a medida que iban cumpliendo años y así lograban ser felices y sonreír y no mentir, porque el amor existía realmente en aquel mundo.
     
      Y todo resultaba tan extrañamente sencillo, tan sumamente patético, tan extraordinariamente poético, que despertar solamente significaba
despedida, 
encierro.

"La literatura, como el arte en general, es la demostración de que la vida no basta."
Fernando Pessoa.

domingo, 11 de octubre de 2015

Idas.

Regresé a la niebla, al horizonte, al precipicio;
regresé a las rocas, a los mares, al jardín. 
Regresé
y de nuevo caí,
caí
y me hice polvo,
me hice espejo,
me hice cristal.
Olvidé mi nombre 
para que me encontraras bajo su sombra,
bajo su noche,
para revelarme en ti.

Jamás apareciste.

Huí de mí misma y me lancé al viento
y mi llanto inundó tus ojos.
Grité frente al muro y nadie me escuchó
y nadie me salvó.

Quizás
me hundí en la vida.
Quizás
me deshice en su espuma.

jueves, 30 de julio de 2015

Rimando.

Mientras en anocheceres  
la sangre tiña ríos de plata y puñales.
Mientras del infinito baile
surja el eco de una voz que nos muestre
las señales. 
Mientras amándose dos almas
se fundan desesperadamente, 
conscientes de sus vicios, 
de los instintos y los altares.
Mientras quede el recuerdo
de lo que un día se tuvo y se retuvo;
de lo que un día se quiso olvidar 
deshaciéndolo en espumas y tempestades...
Mientras vuestro mundo se hunda
y ya no queden reflejos ni voces
en el jardín,
nosotros seguiremos en pie,
cubiertos por el manto de una eternidad 
que nos abriga
nos deja

          caer. 



I

En el espejo en el que me miro
aparecen sombras de otros tiempos,
figuras etéreas que reivindican su silencio y me acompañan.
Se extiende ante mí una imagen informe -soy yo misma-
y puedo ver la oscuridad y la luz que se esconde en los escombros.

II

Siento extrañeza en compañía de mi propio pensamiento,
busco la salida,
la huida entre una multitud
que apresa mis ganas de soltarme de una vez,
para siempre,
dejándome caer
y recaer en los abismos,
sin aferrarme a lo que soy,
a lo que he sido,
rebelándome en la nada,
convirtiéndome en la propia jaula.
El odio, la frialdad, el cinismo…
sus mayores y más perfectos logros
me impiden gritar
que vivo
temiendo
nuestra propia fragilidad,
el rechazo hacia la singularidad
de lo que se consideró único
tras los ventanales
que recogían
nuestras luces y nuestras sombras,
el paisaje,
en movimiento,
y la vida,
en un mismo tiempo,
inalterable.

III

Déjame en mi reflejo
sabiendo que en los naufragios hallaré las respuestas
y que cuando sea entonces
y esté a la deriva,
podré dejarme llevar por el viento
que agita la risa
en tus ojos.

viernes, 24 de julio de 2015

Herederos del silencio
recorremos senderos jamás pisados
y damos gracias 
y lloramos al atardecer
y nuestras lágrimas se diluyen,
transparentes,
y podemos observar las cuerdas que nos atan
y escuchar la voz de nuestros ancestros.

Herederos del pecado,
nos alimentamos del fruto
prohibido para seguir avanzando,
para mantenernos vivos,humanos,
demasiado humanos.

Herederos del grito
de quien quiso y no pudo,
de quien supo y calló por miedo,
del incomprendido,
del fantasma del ayer,
de la voz de la inconsciencia.

Herederos de la vida, de la soledad y del arte.

Herederos del camino abierto.


Herederos de un porvenir que no responde.



“Te llaman porvenir porque no vienes nunca”. Ángel González.

Imágenes

Imagen 1.


El rugir sosegado del corazón se detiene
cuando la brisa devuelve las sombras a la fuente
y tan calladas
y tan ausentes
cubren de niebla
el rastro de tibia
agonía que,
aun palpitando,
tiñe el agua
y se desvanece.

Imagen 2.

Cae el sol y se deshace,
gota 

gota,
sobre charcos púrpuras
y campos yermos de olvido.
La luz retrata la tierra 
y da forma al horizonte
y a la esperanza y la tiniebla.
Y dos ojos se buscan 
mientras la oscuridad engulle sus anhelos,
mientras la noche acecha y esconde,
mientras el día se aleja
callando a dos extraños,
volviéndolos paisaje.