jueves, 30 de julio de 2015


I

En el espejo en el que me miro
aparecen sombras de otros tiempos,
figuras etéreas que reivindican su silencio y me acompañan.
Se extiende ante mí una imagen informe -soy yo misma-
y puedo ver la oscuridad y la luz que se esconde en los escombros.

II

Siento extrañeza en compañía de mi propio pensamiento,
busco la salida,
la huida entre una multitud
que apresa mis ganas de soltarme de una vez,
para siempre,
dejándome caer
y recaer en los abismos,
sin aferrarme a lo que soy,
a lo que he sido,
rebelándome en la nada,
convirtiéndome en la propia jaula.
El odio, la frialdad, el cinismo…
sus mayores y más perfectos logros
me impiden gritar
que vivo
temiendo
nuestra propia fragilidad,
el rechazo hacia la singularidad
de lo que se consideró único
tras los ventanales
que recogían
nuestras luces y nuestras sombras,
el paisaje,
en movimiento,
y la vida,
en un mismo tiempo,
inalterable.

III

Déjame en mi reflejo
sabiendo que en los naufragios hallaré las respuestas
y que cuando sea entonces
y esté a la deriva,
podré dejarme llevar por el viento
que agita la risa
en tus ojos.

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